Cafe Tortoni

Fue fundado en 1858 por un francés de apellido Touan, quien lo bautizo con el mismo nombre de un célebre café de Paris. Se hallaba en la esquina de Rivadavia y Esmeralda donde años despues fue transaladado al numero 826 de Rivadavia.

Cuando la Avenida de Mayo se abrió, el local tuvo también su entrada por la Avenida, que hoy en dia es su acceso principal. Esto generó mayor importancia para este. Para esa epoca el dueño era otro francés, Pedro Curuchet. Gracias a el pudo funcionar durante más de 15 años la famosa "Peña" (1926-1943), Alli se realizaban obras de teatro y por esta razon se lo denomina tambien "Teatro Íntimo de la Peña".

El Tortoni fue el primer café-teatro que existio en Buenos Aires. 

 

El sotano "La peña"
El sotano "La peña"

Van a cumplirse los primeros 30 años de la desaparición de uno de los sotanos mas famosos del país. Una peña que permanecio en el recuerdo de los sobrevivientes,que alguna vez asistieron allí. 

Actualmente, el café, esta siendo dirigido por Roberto Fanego, quien hace lo posible para que la antorcha permaneza encendida y su casa siga acogiendo a los soñadores de siempre. Sólo vive lo que continúa.

Anécdotas del café.

La trayectoria del café Tortoni, ya es reconocida en todo el mundo, pero su vigencia se nutre de la presencia de personajes famosos y desconocidos que a lo largo de sus 153 años de vida han derramado sobre sus mesas recuerdos y anécdotas que hoy rescatamos...

Lionel Godoy
Lionel Godoy

Era domingo, 31 de diciembre de 1972.

La Avenida de Mayo mostraba la tristeza característica del último día del año. Al 800 de la Avenida, en el antiguo templo de la amistad y la cultira, el viejo Tortoni, cuyas puertas tenía abiertas.

Nunca antes, en la historia del Café, el 31 de diciembre la gente pudo tomar una copa.

Había una historia. Dos bares de Buenos Aires estaban enfrentados por algún viejo tanto: Julio Jorge Nelson y Julián Centeya. Este último lo había batido a duelo a Nelson, en una humorada, en el Luna Park.

Julián pidió que viniera "La Negra" (Virginia Luque) al Café. Ella cantó, y su voz llenó de recuerdos el cálidoambiente.

El maestro Osvaldo Re uena no se detuvo y la acompañó con su conjunto y las parejas de baile dibujaron figuras al compás de clásicos tangos de ayer.

En la primera fila, entre el público, se encontraba la madre de Julián Centeya, cuyo rostro era anguloso y sus ojos tristes. Esta señora aplaudia con fuerza para que su hijo abrazara a su viejo amigo. Dicho abrazo selló la amistad tanguera de Julián y Jorge Nelson.

Alberto Mosquera Montaña recitó versos de Pedro Miguel Obligado que convocaban al amor y a la amistad.

Era domingo, mediodía. Fin de año. Radio Rivadavia llevó a todo el país aplausos y canciones.

Un tango final en la voz de Virginia Luque y mientras Julián se abrazaba con Nelson, le dijo: "Pagame una copa; nos vamos a entender". 

Por un momento la Avenida de Mayo se llenó de gente que abandonaba el Café y solos en una mesa Mosquera Montaña, Fanego y yo, Lionel Godoy, quedamos conformes de haber obedecido el mandato de los fantasmas del Café, como Alfonsina, Pirandello, el Presidente Yrigoyen, Filiberto y el Presidente Alvear entre otros.